Archivos Mensuales: febrero 2013

Camboya: 5 experiencias de Iglesia Universal (2ª parte)

AUTORES: ANA MARÍA GONZÁLEZ CUBILLO Y RAFAEL RODRÍGUEZ MOLINA

3ª Casa de las Misioneras del Sagrado Corazón, Poipet.

Al día siguiente de visitar a las Misioneras de la Caridad, habiendo pasado por Battambang para dormir pero sin dar tiempo al corazón a deshincharse, acompañamos a Kike Figaredo Sj a Poipet, una ciudad en la frontera con Tailandia, donde en torno a los casinos crece la , la droga y la prostitución. Allí precisamente se encuentra el centro de las Misioneras del Sagrado Corazón, con guardería e internado de niñas. Aún por construir la propia casa de las misioneras, asistíamos a la ceremonia de puesta de la primera piedra de la iglesia: una colorida eucaristía en la iglesia provisional, de madera y caña. Como todas las misas allí: en khemer (camboyano), sentados en el suelo, y rodeados de niños a los que te comerías a besos de lo lindos que son. Al terminar, rematamos la celebración con bailes tradicionales de los niños de la guardería, y cómo no compartimos la mesa con las hermanas. Difícil no cumplir con la frase de despedida de todas las misas de Kike: “Que la alegría del Señor sea nuestra fuerza”.

foto3 4ª Parroquia de Pailin.

Al día siguiente nos esperaba en Battambang Totet, jesuita filipino, que trabaja desde hace muchos años en Camboya. Sonriente, calmado, alegre. Con él y una catequista (más el conductor con su hijo) nos íbamos a Pailin, a un par de horas de Battambang, en otro paso fronterizo con Tailandia. Es la zona con más minas antipersona de todo Camboya, y desde la carretera se pueden ver a veinte metros del arcén los carteles rojos que te ponen la piel de gallina: “Danger, Mines!”. Totet hace ese recorrido cada sábado para celebrar la eucaristía en su parroquia de Pailin. De nuevo una misa sencilla, alegre, celebrada y llena de niños. Apenas comulgan cuatro o cinco personas adultas (las que había); a los niños que se van interesando por lo que allí se celebra se les da una bendición en el momento de la comunión, en los pasillos laterales, pera que se sientan también partícipes de ese momento tan importante. Otro día atendería Totet las necesidades de los que se acercan a la parroquia, pero otro día diferente al de la eucaristía, para que todos sepan que allí se atiende a todos, y para ello no es necesario asistir a las misas. Así, los que acogen la fe en Jesús lo hacen de corazón. Tras cenar con Totet y las catequistas, la sobremesa se alarga hasta la madrugada, con tiempo para profundizar. Entre testimonios sobre su misión en Camboya Totet nos cuenta cómo fue su vocación, y nos traduce el testimonio de la catequista que le acompaña cada semana, convertida al cristianismo al conocer a los misioneros en los campos de concentración de los jemeres rojos.

5ª Parroquia de Tahen.

Para cerrar nuestros cuatro días en la zona de la Prefectura Apostólica de Battambang, asistimos el domingo a la misa de segundo domingo de Adviento en Tahen, la parroquia de Kike. Tahen es un pueblito situado en las afueras de Battambang en el que hay una amplia comunidad católica. Allí la Prefectura Apostólica fundó un hogar de acogida para niños huérfanos, abandonados, con una difícil situación familiar o sin acceso a escolarización. Fue impresionante ver cómo los niños, sin que nadie les dijera nada, iban acercándose y sentándose en el suelo de la iglesia en orden y en silencio para empezar la eucaristía. Una eucaristía muy participada por los propios niños y repleta de bailes tradicionales que nos transmitieron el espíritu de alegría y acción de gracias a Dios que viven estos niños en su comunidad.

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Un mes después de volver de Camboya, y habiendo estado apenas unos días, vemos lo grande que estuvo el Señor con nosotros, y por eso aún nos dura esa alegría. Algunos rostros sonrientes se nos quedan grabados con un fuerte mensaje de esperanza, y también de envío. De allí nos traemos la confirmación de que Dios nos llama a salir de nosotros mismos, a buscarle en los pequeños que no han tenido tanta suerte como nosotros. Y siempre con el deseo de que la alegría del Señor sea nuestra fuerza.

 

Camboya: 5 experiencias de Iglesia Universal (1ª parte)

AUTORes: ana maría gonzález cubillo y rafael rodríguez molina

En Diciembre del 2012 tuvimos la oportunidad de hacer un viaje de dos semanas por Camboya. De esas dos semanas, cuatro días los pasamos en Battambang, acogidos por el equipo del Centro Arrupe y la oficina de la Prefectura Apostólica de Battambang, liderada por Kike Figaredo Sj.

Podríamos contar muchas cosas de nuestro viaje pero en este pequeño testimonio queremos centrarnos en otro aspecto de nuestra visita: la experiencia que hemos vivido de Iglesia Universal. Os contamos cinco:

1ª Reflection Center, Siem Reap.

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En la ciudad más turística de Camboya, donde se levantan decenas de lujosos hoteles para los turistas que visitan los maravillosos templos de Angkor, apartado del bullicio se encuentra este pequeño centro interreligioso cristiano-budista. Es un oasis de oración, reflexión, debate y actividades de todo tipo que, como los símbolos que el visitante va encontrando por el centro, giran en torno al desarrollo sostenible y para todos, la dignidad y potencialidad individual, la educación para todos, el medio ambiente, la paz y reconciliación tras el genocidio, los refugiados y desplazados, el desarme, la ética en la política, la presencia de Dios en nuestra vida… (http://www.jrscambodia.org/Reflection_Centre). Allí conocimos a Sister Denise, monja australiana, que lleva décadas trabajando por todo esto en Camboya. Nos enseñó el centro, compartimos unas cervezas, charlamos… y pudimos rezar un rato delante de símbolos como el de la foto, donde un Pedro mutilado le dice a Jesús: “I have no foot to wash”.

2ª Casa de las Misioneras de la Caridad, Siem Reap.

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Eucaristía de celebración de los 25 años de vocación de Sister Copertina.

Llegamos a la casa por nuestra cuenta, y tras cruzar el patio lleno de niños (que viven acogidos por el amor de estas mujeres) nos invitan a pasar a la capilla mientras esperamos a Kike. Tras descalzarnos entramos a la capillita, donde reza una hermana acurrucada en el suelo. Nos golpea de lleno la frase grabada en la pared, junto al Cristo Mutilado que abunda por las iglesias de la prefectura: “I thirst”. Es una de las frases que hizo suya la fundadora de su orden, la Madre Teresa de Calcuta. En ella se funden la expresión de la sed de Dios de estas mujeres con la llamada de los pobres que pasan sed real. Estas mujeres escuchan en la voz de los más pobres entre los pobres la voz de Cristo crucificado, que pide de beber… Una eucaristía de compartir y sobretodo celebrar la alegría de 25 años de entrega radical. Y tras la misa, compartir unos alegres villancicos y aceptar que estas santas nos sirvieran la mesa (ellas comerían después), como Pedro que se deja lavar los pies por el Maestro.

Discrepo (Parte I)

El Catecismo de la Iglesia Católica no es un texto sagrado, no es La Palabra de Dios. Por eso, cuando algún miembro de la Iglesia me mira raro cuando discrepo con partes de este texto, tengo que recordarme a mí mismo que no pasa nada por tener opiniones diferentes al Vaticano, que Dios nos hace libres y que si en las palabras y acciones de miembros de la Iglesia no veo el Amor de Dios, puedo manifestarlo. No pasa nada. No quiero menos al Pueblo de Dios, no soy un adoctrinado de El País o del Gran Wyoming… No, sólo discrepo en algunos puntos del Catecismo. En la gran parte coincido, me habla mucho de Dios, de Jesús, del Espíritu. En temas como los de la sexualidad y en concreto, la homosexualidad, discrepo. ¿Jesús diría esto de ellos? ¿Les llamaría depravados? ¿Desordenados? ¿Les negaría el Sacramento de la Eucaristía a aquellos homosexuales que tengan relaciones sexuales, de y con amor, con sus parejas, con sus maridos y mujeres? Leo y escucho muchas cosas que me hacen pensar sobre la distancia que a veces creamos los miembros de la Iglesia con la Palabra de Dios, con el Evangelio, con los actos con que Jesús nos enseñó a amar a Dios sobre todas las cosas, que no es otra forma que amando al prójimo. Y supongo que los homosexuales también son el prójimo.

“Castidad y homosexualidad (por el Catecismo de la Iglesia Católica)

2357 La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan (1)una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. (2)Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta (3)como depravaciones graves (cfGn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 8). Son (4) contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. (5) No pueden recibir aprobación en ningún caso.

2358 Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. (6)Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.

2359 Las personas homosexuales están (7)llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.”

Acabo aclarando que a mí, como miembro de la Iglesia, del Pueblo de Dios, el Catecismo me une más que me separa al resto de cristianos católicos y a Jesús. Pero no por eso voy a dar el OK a todo el texto, voy a obedecerlo, voy a defenderlo sin más. Sus motivos tendrá el Vaticano de escribir y defenderlo pero yo también tengo mis motivos para discrepar y para criticar determinados aspectos del Catecismo. Y éstos ya los he dicho: para mí, estas palabras, estas sentencias categóricas que sin duda discriminan a personas que creo que no tienen la culpa de nada, se alejan mucho del Jesús que yo intento seguir con coherencia y radicalidad, de un Dios que nos acoge y nos quiere a todos por igual.

 

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