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Bebé refugiado

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Un bebé refugiado. Protagonista de la foto premiada del World Press Photo 2015.

No dejo de ver a mi hijo Mateo en él. No paro de imaginar ser yo ese hombre que con mirada perdida entrega en manos de otro la vida de su indefenso bebé.

Empatizo. Se me pone la piel de gallina de sólo imaginarlo.
¿Y qué hizo ese bebé que no hizo Mateo para estar allí?
¿Y qué culpa tienen el padre?
¿Qué ha pasado para que esté al otro lado de la valla?
¿Es una cuestión de azar todo esto?
¿Y a mí porque me tocó vivir una vida con tantas facilidades? ¿Y a Mateo?
¿Me lo merezco?
¿Se lo merecen ellos?
Y si no se lo merecen, si esto es injusto, ¿tenemos derecho a hacer de Europa un búnker donde está prohibido el paso?
Y si no tenemos derecho, ¿por qué lo hacemos? ¿Por qué lo permitimos?
Salimos a la calle por muchas razones, nos dejamos la voz por muchos motivos, hacemos fuerza cuando lo creemos conveniente… ¿Y todas estas personas no lo merecen?

¿Es por miedo?
Miedo a actuar, a perder nuestras comodidades, miedo a lo desconocido. Pero, ¿miedo a dialogar? ¿A proponer? ¿A qué lleguemos a un acuerdo para poner de nuestra parte para evitar esta injusticia?

Y yo, dejando de apuntar a los demás, ¿cuáles son mis miedos? ¿Mis búnkers? ¿Qué fronteras levanto cada día en mi cotidianidad? ¿Cuándo miro al otro lado? ¿Por qué se me congela el corazón tan rápido? ¿Por qué me duele pero luego nunca no hago nada?

10 cosas que (quizás) no sabías sobre la Cuaresma

Ya que has hecho click sobre este título y estás aquí con nosotros, no te voy a engañar más: no te voy a contar 10 cosas sobre la Cuaresma. Mar y yo nos reímos mucho de la cantidad de artículos de los periódicos digitales que se titulan con fórmulas como “10 cosas que deberías saber sobre…”, “5 motivos por los que tendrías que…” o “7 cosas que (quizás) no sabías sobre…” Al parecer son títulos que pican la curiosidad de muchos lectores. No sé si la palabra Cuaresma los espantará pero bueno, hecha la broma, comparto lo que me suscita este tiempo tan bonito.

YEAR_0            Fotografía “Señal”, de John Stanmayer, ganador del World Press Photo 2014

Buscando cobertura, así me encuentro esta noche de Miércoles de Ceniza.

Ha cambiado mucho el significado de la Cuaresma para mí. De pequeño y adolescente, se basaba en no comer carne los viernes. Con los años he ido descubriendo el precioso camino que este tiempo litúrgico te invita a recorrer.

Creo que la Cuaresma es de esas cosas que los cristianos no sabemos comunicar bien a los demás. No logramos transmitir lo diferente y especial que tienen estos días.

No te voy a contar 10 motivos, pero si 4 por los que la Cuaresma me inspira, me ilusiona, me alegra, me llena.

El primero es que la Cuaresma nos invita a pararnos. Jesús se fue al desierto. Yo este año no me voy a ninguna parte pero me alegra que Dios me llame a la pausa, a desconectar del ruido y de las prisas para conectarme con lo importante. Dar un pasito hacia atrás para coger perspectiva. Ir despacio. Contemplar. Hacer silencio.

El segundo es que nos anima a ser generosos. A partirnos como el pan, a derramarnos como el vino. No es dar, es compartir. Tiempo, dinero, cosas, momentos, alegrías, penas, Vida… Parece que este tiempo nos recuerda que no es cosa de “yo”, sino de “nosotros”. Entre dar y darnos hay una diferencia enorme, total, absoluta.

El tercero es convertir el ayuno en desprendernos. Una vez leí a Dani Izuzquiza Sj una frase que me dió mucha luz y que decía algo así como “al dejar de desayunar un día por semana, al sentir hambre, recuerdo y entro en comunión con las millones de personas que pasan hambre todos los días de su vida.”  Ya sea prescindiendo de alguna comida o de algún otro bien necesario (creo que el ayuno nos invita a desprendernos de cosas no superfluas sino necesarias, o al menos importantes para nosotros. Como decía Teresa de Calculta: “que nos duela”) lo bonito de este gesto es que entramos en comunión con muchos hermanos y hermanas de la Casa Común que, sin que lo hayan elegido o merecido, carecen de eso a lo que renunciamos nosotros libremente. Y ahí siento que hay solidaridad, empatía, compasión, movimiento…

Y el cuarto y más importante, la Cuaresma es tiempo para cuidar nuestra relación con Dios. Es la Fuente de nuestra vida y aunque habita en nosotros, lo olvidamos con frecuencia. Habrá que dedicar un tiempo al Padre, sentirnos hijos amados como Juan. Perdonados y acogidos como hijos pródigos que somos. Sentirnos acompañados como se pudo sentir Jesús al tener al cireneo cerca mientras cargaba la cruz. Aliviados recordando la inspiradora frase: “Venid a Mí todos los que estéis cansados y agobiados”.

Buscando cobertura, recorriendo un camino de 40 días que nos prepara, intentando ahondar, experimentando el Amor de Dios en forma de oración, renuncia y solidaridad.

Sobre la famosa cabalgata

 

¡La que se ha liado con la cabalgata! Seguramente los 3 Magos estarán avergonzados por haber hecho tanto ruido y habernos despistado una vez más de lo verdaderamente importante. No os preocupéis, no es vuestra culpa, es cosa nuestra. Polemizar y mezclar conceptos, sentimientos e ideologías es algo muy nuestro y muy de los tiempos socio-políticos que corren. Así que descansar tranquilos, que mucho habéis hecho ya llevando amor a tantos hogares de todo el mundo.

Después de haber leido, visto y escuchado cientos de acaloradas opiniones y temperamentales juicios de valor, me apetece compartir tres reflexiones que me surgen, que ni si quiera conforman una sólida opinión, pero que me parecen que al menos están pasadas por un filtro de mesura, cierta objetividad, optimismo, autocrítica y mucha prudencia.

  1. A mí no me gustó ver a los 3 Magos vestidos así. No me pareció acertado. Parecían disfraces de carnaval, “teletabis”, pijamas…  o el calificativo que más gracia os haga de todos los que se han dicho estos días. El caso es que no es la imagen que se aproxima más a la idea que tenemos en la cabeza de ellos. Creo que a veces por querer innovar, por querer sorprender, hacemos chorradas. Voy aprendiendo con los años que a veces lo mejor, lo más sabio, es dejar las cosas como están. Nunca oí a nadie criticar anteriores cabalgatas. Para estas cosas, creo que tener una mentalidad pragmática ayuda: “¿Qué gano y qué arriesgo haciendo yo esto, qué puedo perder.?” Si yo me hubiera hecho esa pregunta, no hubiera arriesgado tanto con estas vestiduras. “¿Qué gano yo? ¿Esto es realmente importante? ¿Me merece la pena cabrear a medio Madrid y no contentar especialmente a nadie?” Hasta aquí mi primer apunte. Sinceramente: no me gustó cómo iban vestidos los Magos.
  2.  Me pregunto: ¿es proporcional todo lo que se ha dicho y escrito estos días por esto? Vivimos en un país que está en un momento clave. Nos jugamos cosas muy serias que ahora no toca ni mencionar. Esta Navidad no puede ser recordada por la de la cabalgata sino por la de la crisis, por la de las elecciones generales, por la del lío en Cataluña. Tenemos que tener la hondura y la sensibilidad de dedicar tiempo a lo importante. Vivimos un momento crítico y nuestras energías no se pueden ir (como el calor de la calefacción cuando abrimos una ventana de par en par) con estas menudeces. Que lo superficial eclipsa lo importante es evidente: no oigo a nadie hablar de la cena de Nochebuena con Personas Sin Hogar en el Ayuntamiento de Madrid, o de la supresión de las gradas VIP en la cabalgata en favor de la creación de un nuevo espacio para que niños discapacitados puedan disfrutar de la cabalgata. Para mí, eso es lo importante y como cristiano, eso es lo que quiero de mi Ayuntamiento y de sus acciones. Ambos gestos me hablan mucho más del Evangelio y sus valores que los ropajes de sus Majestades los Reyes Magos (que, por cierto, no eran Reyes y que si nos pusiéramos a valorar con esa exigencia y esa ortodoxia de tantos, poco tendría que ver lo que fueron y lo que hicieron con la celebración que casi dos mil años más tarde montamos por estas tierras).
  3. Creo que por los tiempos que corren toca hacer una reflexión pausada y de calidad sobre La Administración (Estado, CCAA o Ayuntamientos), lo cultural y lo confesional-religioso. Tenemos que situarnos todos en un marco lógico, que nos haga sentirnos cómodos, que sea coherente y que nos haga crecer. ¿Una cabalgata es una celebración religiosa o cultural? ¿Decorar el hall de un Ministerio es un acto religioso, de culto o más bien una tradición? ¿Que en la mayoría de hogares españoles lleguen los Reyes Magos es porque todos celebramos con sentido la Epifanía o es una costumbre que nos agrada? ¿Que un enorme porcentaje de las obras del Museo del Prado tengan una temática cristiana significa que visitarlo sea un acto confesional? Como españoles, europeos y mediterráneos tenemos una historia, una cultura y unas tradiciones judeo-cristianas. Esto no es debatible. Esas son nuestras raíces. Por lo que mucho de lo que somos, hacemos, mantenemos, celebramos, guardan estas raíces. Creo que con el afán de separar lo público de lo confesional, nos podemos cargar todo lo culturalmente cristiano que tenemos. Valorar y cuidar las tradiciones (en este caso cristianas) no es volver al Nacional-Catolicismo. No es lo mismo eliminar la Religión como Catequesis en la Escuela Pública que eliminar una asignatura que hable de las Religiones, siendo la más influyente en nuestras vidas, la Cristiana. Si algún político piensa que hacer una cabalgata “tradicional” es volver al Nacional-Catolicismo, está dando por hecho que gran parte de nuestra cultura cristiana no lo es, sino que es una manifestación tras otra. Así que ir al Prado debe ser algo parecido a celebrar una Vigilia de Resurrección… Creo que debemos separar lo religioso de lo público pero que no debemos ser tan incultos ni tan irracionales como para cargarnos lo que somos aniquilando nuestras raíces, nuestras tradiciones, nuestra cultura. Si de verdad queremos protegerla, no acabemos con algo que inspiró (y sigue inspirando) tanto arte, tanta cultura, tanta tradición que une y alegra, mucho más que separa y entristece. No al Nacional-Catolicismo, Sí a separar lo religioso de lo público (me viene a la cabeza el “Dios bendiga América de los Presidentes de EEUU) y Sí a cuidar nuestro Patrimonio Cultural, aceptando la gran influencia que el cristianismo tiene sobre éste.

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Esta foto la completaría con una tercera señal que uniera las dos, se llamaría Culture, y dejaría visualmente claro que nuestra cultura inevitablemente relaciona y une en ocasiones al Estado con La Iglesia. Es cosa nuestra ver cómo nos lo montamos para que sea una riqueza para todos y no una atadura y un motivo para la fractura.

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