Archivo de la categoría: TESTIMONIO

Y tú, ¿de qué equipo eres?

Como si fuéramos hinchas de un equipo, así nos comportamos muchas veces. Parece que compramos discursos en su totalidad olvidando construir nuestro propio relato. De derechas, de izquierdas, liberales, socialistas, feministas… la corrupción, los toros, las creencias religiosas, las políticas migratorias, la ecología… da igual, es fácil ponerse una camiseta y recitar un discurso que te posicione en bloque.

Y entonces, ¿qué hacemos con el espíritu crítico? ¿Nos olvidamos de tomar una posición bajo nuestro propio criterio?

Comparto siete ejemplos que he vivido últimamente:

  1. El otro día agradezco en Facebook el apoyo de Iñigo Errejón a la campaña #SickofWaiting en la que formo parte, que trata de presionar a los gobiernos de la UE para que cumpla con los compromisos de acogida de refugiados. Un conocido comenta indignado que él también le agradece las complicaciones que está poniendo Podemos a la educación concertada. Me pregunto: ¿no será esto mezclar churras con merinas? ¿No puedo estar de acuerdo con un partido político en determinados asuntos y en desacuerdo con otros? ¿Hay que ser podemita o anti-podemita?
  2. Ayer comento en una comida que me cae bien Pablo Casado, del PP. Reacciones inmediatas en la propia mesa: “¡Pero si es un pijo, un fachilla! ¡Cómo te va a caer bien!”
  3. Hace ya unos meses una joven muy cercana me pregunta: “Tú como te va lo social, y te metes con el PP, como trabajas en una ONG, ¿estarás en contra de los toros, ¿no?” Se ve que hay un determinado perfil que debo de aparentar. La verdad es que no tengo un criterio claro con este asunto pero desde luego que no soy anti-taurino y que recuerdo con mucho cariño una tarde en las Ventas viendo a José Tomás. Me pregunto: ¿en alguna parte pone que si quieres trabajar por un mundo menos injusto, con menos desigualdad, con más oportunidades para todos, hay que estar en contra de los toros?
  4. Hace dos semanas en una reunión muy interesante, un joven reflexiona en voz alta: “Me parece una incoherencia que una persona sea católica vote a Podemos.” No me pareció el momento para polemizar pero me vino a la cabeza unas estadísticas de El Confidencial sobre votantes de partidos en España y si se declaraban católicos o no, practicantes, de otras religiones. ¿Y qué concluía este artículo? ¡Sorpresa! Podemos tiene el mayor porcentaje de católicos practicantes reconocidos. O son muy incoherentes o nos estamos volviendo a poner la bufanda de nuestro equipo sin profundizar un poquito más.
  5. Recurrentemente, leo en mis redes sociales: “¿Cómo puede haber cristianos que apoyen el Islam? ¿No se dan cuenta que quieren acabar con nosotros?”
  6. El otro día cenando con unos amigos, uno me dice antes del postre: “Álvaro, el otro día leí una cosa que ponías sobre el feminismo… ¡Vaya rojillo te estás volviendo desde que trabajas en cosas sociales!” 
  7. Retuiteo muchas veces reflexiones de Carlos Osoro (Arzobispo de Madrid). Al momento me llegan comentarios: “¡Cómo se puede dar eco a un señor que viste así y que representa a la Iglesia Romana jerárquica, corrupta, pedófila…!”


Ahora expongo 7 ideas que me vienen después de haberle dado (y seguiré dando) muchas vueltas. Ideas que ojalá ayuden a encaminarnos hacia el espíritu crítico y se alejen del forofismo al que me he referido antes:

  1. No firmar cheques en blanco. En mi colegio me enseñaron desde muy pequeño que no hay que comprar ningún discurso a nadie. Que no hay que creerse el 100% de lo que diga un canal de televisión, un programa de radio, un tuitero, un periódico, etc… Cuando nos informemos creo que es bueno que nos situemos: quién me dice qué y por qué creo que me lo puede decir. Y por su puesto, triangular: A ver qué dicen de esto éste otro medio…
  2. “Dar al César lo que es del César.” Creo y experimento que es muy sano reconocer a cada uno en lo que creo que aporta valor, lo que hace bien, en lo que coincido. Y a la vez, en lo que discrepo, en lo que creo que se equivoca. No me veo en la obligación de casarme con nadie. Me siento libre para decir con qué comulgo y con qué no.
  3. Sin miedo a hablar de nada. Pienso que si dialogo con el que discrepo, podré llegar a entenderle. No hace falta que comparta su argumento, que me convenza de nada. Pero quizás sí puede ser muy bueno comprender mejor por qué se sitúa así el otro. Poder empatizar con él.
  4. Adiós etiquetas, adiós prejuicios. Sólo nos separan, nos hacen perdernos lo auténtico del otro. Concedamos siempre al otro la oportunidad de expresarse antes de sentenciarle.
  5. Acojamos lo diverso. No nos asustemos, no seamos nazis de nada. Defendamos lo que pensemos, en lo que creamos pero no obliguemos al otro a pensar o ser como yo, no le exijamos para ser un amigo, un hermano, un compañero, pensar igual que yo. Tengamos la humildad de reconocernos pequeños, que lo que defendemos es simplemente una creencia, una postura pero que no sabemos si tenemos la razón o no. No juguemos a ser dioses que poseen la verdad. Tendamos la mano con el que estoy en desacuerdo. Si yo tengo mis razones por las que pienso así, he de pensar que el otro también tiene las suyas: “sus motivos tendrá.”
  6. Relajarnos e ir a lo importante. Si lo piensas tranquilamente, no son tantas las cosas que merecen un disgusto, una voz alta, un desencuentro. Localicemos lo nuclear, en lo que consideremos que nos la jugamos y gastemos en eso todas nuestras energías. No nos dejemos llevar por el ruido que inunda los medios de comunicación.
  7. Sentirnos peregrinos. Que van haciendo camino, madurando, viendo mundo, construyendo un criterio propio, descubriéndonos, dejándonos hacer por la propia vida, rectificando, afianzando, avanzando. A veces dando tumbos y otras yendo como velas. Muchas veces parando, incluso retrocediendo. Pero siempre creciendo. Libres.
Anuncios

44 horas en Melilla: KO

Melilla.001

 

Un solo round de 44 horas para que la realidad te atice y te mande a la lona.

La concertina es un golpe directo con la izquierda. Rápido. Te pilla casi calentando así que no lo ves venir. ¡Zas! Tu cara sangra demasiado pronto. Es sólo un aviso de lo que está por venir.

Ver volar bolas de golf a través de las rejas de la valla y escuchar el sonido del bogey tan cerca del CETI te arrincona en el cuadrilátero. Allí te golpea el hígado una y otra vez. Vas quedándote sin aire. Este combate va a ser corto pero se te va a hacer muy largo.

Quieres seguir, te defiendes como puedes cubriendo con tus antebrazos el tronco que ese bestia está atizando como si fuera su saco de entrenamiento, pero ves una familia siria al completo: padre, madre, un niño, una niña y un bebé en brazos. Ha nacido en un sitio donde malviven 4 veces más personas de las que puede acoger el centro. Te preguntas cómo será un día para ellos. No saben nada. Si llegarán o no a la “tierra prometida”. El puñetazo es tan fuerte que me tengo que recordar a mí mismo que esto es España, el país que critica indignado el trato de Hungría a los refugiados sirios.

Va quedando poco para el final del demoledor combate. De reojo ves el monte Gurugú y las miles de historias de dolor que alberga. Cómo tienes que estar de desesperado para levantarte en mitad de la noche, muerto de frío, bajar la montaña y querer superar una valla cuyas cuchillas van a arrancarte la piel a tiras.

Tu entrenador te anima, te jalea gritándote: “¡Tú puedes!” Y cuando crees que quizás puedas, que moviendo más rápido las piernas y revolviéndote podrás darle la vuelta al combate, se te presenta un niño de 10 años que ya nadie le llama por su nombre porque es un MENA (Menor No Acompañado). Y te cuentan que se habla de él, y de sus 80 compañeros que sobreviven en la ciudad, con un miedo y un desprecio que sientes el brutal impacto del gancho definitivo en toda tu cara.

Y te vas al suelo. Y es muy probable que pudieras volver a levantarte y tratar al menos acariciar con tus guantes el cuerpo de ese cabrón que ha acabado contigo sin despeinarse. Pero de nuevo a tu mente le invade la valla y sus cuchillas, la familia siria, el MENA, el Monte Gurugú, el CETI, el campo de golf… y mientras escuchas al árbitro contar hasta 10 para levantar el brazo del ganador por KO en un solo round, piensas que aunque hay que entrenar mucho, volverás a pelearte con él. Más rápido, más astuto, con más fondo y con un gancho mucho más potente. Se va a enterar.

Sabes que mientras tanto, ese monstruo que ha abusado de ti, las va a pasar canutas con Mercedes, Mª del Mar, Mª Luz, con José y su mujer, con Esteban, con María, con tu amiga Nuria y con tanta gente que no le tiene miedo y que cada día se levanta y trabaja duro, gente que no se achica, que esquivan los derechazos y que saben golpear en el momento más adecuado. Gente ganadora que sabe pelear duro por los derechos humanos de todas esas personas que tanto sufren en Melilla.

Las sorpresas de Dios

AUTORA: JENNIFER PONCE CORI

Era mi quinta experiencia como “ejercitante espiritual”, y esta vez decidí opté por los ocho días de oración y silencio, apartándome del bullicio limeño, mis actividades profesionales. Detenerme en el camino de la vida, volver a ver el mapa para seguir sobre sus pasos. ¡Grandes frutos y sorpresas! ¡Propuesta radical de seguimiento! El desafío es desear mantenerse y siempre volver a Dios. Después de la Misa de Resurrección, casi al final de la experiencia, había empezado a romper mi silencio interior, porque estaba feliz y solo tenía ganas de bailar, celebrar, ver a mi familia y volver a empezar. En ese momento cobraron sentido estas frases “la palabra se hizo carne”, y también “cambiar el corazón de piedra por un corazón de carne”, es decir, un corazón limpio, un corazón reconciliado, alegre. Había llegado con una agenda establecida para decirle a Dios, pero él siempre nos sorprende, pues no se trata de agendas o cosas que le pidas como si fuera el genio de lámpara. Solo aquí entendí las palabras de Alfredo, mi padrino de confirmación, quien en algún encuentro repentino por la calle me dijo “Dios no te dará lo que quieres, sino lo que necesitas”. Yo no sabía que necesitaba “perdonar, perdonarme, pedir perdón” y “vivir en reconciliación”. Había programado otras cosas para Dios en mis oraciones y quise pasar por alto este tema. Pero él que conoce los cuerpos y espíritus obra, sorprende y nos conduce. Desea orar por el servicio, por mis actividades, por los míos, mi familia nuclear y mi familia extendida en el norte y el sur del país, por mi amor –compañero de camino- y pedir por tantas cosas del futuro. Era lo que yo quería, y así lo hice. Sin embargo, mi encuentro con Dios fue más fuerte, él me condujo y habitó mi corazón. Poco a poco, en estos días, me reveló que lo primero que necesito es perdonar y pedir el perdón. Solo así podré entender, sentir y gustar la misericordia (con corazón) y su latido verdadero en mi corazón. A la luz de mi vida, la oración me trae una nueva palabra: PERDÓN. Y ya no es un perdón “abstracto”. Mi misión más próxima sería pedir perdón a quienes fallé o hice daño; y también perdonar a quienes me fallaron o me dañaron el alma. Solo así sentir ese gozo y liberación de la reconciliación. Y es ahí donde el ejemplo de Jesús y de la Madre Teresa de Calcuta cobra sentido: “la medida del amor es amar sin medida”, y solo en esta experiencia de oración y silencio, después de mucho tiempo “sabiendo” esta afirmación, es cuando puedo empezar a saborearla, sintiendo un deseo de buscar el perdón y perdonar desde y con corazón. Reconciliarme conmigo misma, con mis semejantes y sobre todo con Dios. Reconciliarme con mi historia personal, con mis historias, cerrar capítulos, cicatrizar las heridas. Mi primera misión al salir de aquí y de mi misma es la gracia de la reconciliación. Ese es mi seguimiento a Jesús en su Misión, cuando él dice le dice al hombre rico “deja todo” y luego “ven, y sígueme” (Lc.18, 22) me dice a mí específicamente que ese “dejar todo” en mi vida es dejar de vivir en la muerte del corazón duro, corazón de piedra, o el suplicio del dolor por el pasado, por los hechos pasados, por aquel mal que me hicieron o el mal que causé, por las lamentaciones, las frustraciones dolorosas de los míos, dejar de una vez el llanto “doliente”. Eso no significa “olvidarlos”, pero sí es “despedirse”, “mirarlos con perspectiva”, porque pasaron, ahí estarán. Nunca podré “desaparecerlos”, pero sí podré superarlos y en ese sentido “dejarlos”. No puedo quedarme todo el tiempo en la muerte y el dolor. Y a pesar del tiempo y tantas experiencias pastoral, tanto servicio, tanta solidaridad, tanto “pensar” en Dios, en mí, los míos, los otros, yo siempre fui como el hombre rico, que cumplía todos o casi todos los mandatos de Dios, pero cuando Jesús le dijo  “una cosa te falta: vete, vende todo lo tienes y dáselo a los pobres” (Lc.18, 22-23), el joven entristecido no fue capaz de dejar sus riquezas (quereres y apegos) porque “poseía muchos bienes”. La resonancia de este mensaje en mi vida es que yo convertí mis muertes y dolores en la base de mi “casa” (en sentido metafórico), los convertí en mis bienes y riquezas, porque hacía de ellos mi gran riqueza, y no estaba dispuesta a seguir el llamado de Jesús. Habiendo dejado mis riquezas “dolorosas” puedo seguir a Jesús en la Misión de manera más auténtica, con otro corazón, un corazón realmente habitado y latente del Dios Padre-Madre. Amar y servir desde allí. Esa es la radicalidad y la coherencia de vivir amando a los demás. Y ello sucede primero en el corazón de uno mismo, para comunicar y despertar lo mismo en otras personas. He vuelto a descubrir mi resurrección, y con ello mi deseo de “nacer de nuevo”, comunicando la felicidad de vivir de nuevo, con mi corazón de carne y palabra viva. La invitación de Jesús por amor radical hacia los hermanos (amigos y no amigos) pasa por esa transformación interior y personal. Solo así podremos amar y servir gratuita y verdaderamente. Dice Violeta Parra, cantautora popular chilena “solo el amor con su ciencia nos vuelve tan inocentes… nos aleja dulcemente de rencores y violencia”. Ese es el amor de Dios, un “Dios que baila” para nosotros pidiendo: “misericordia, amor y no sacrificios”.

Ejercicios Espirituales – Semana Santa 2014 Huachipa, Casa de Retiros Villa Kostka – Lima, Perú.

(Autora: Jennifer Ponce Cori, compañera de camino)

A %d blogueros les gusta esto: