Archivo del Autor: Álvaro Galera

Sobre la famosa cabalgata

 

¡La que se ha liado con la cabalgata! Seguramente los 3 Magos estarán avergonzados por haber hecho tanto ruido y habernos despistado una vez más de lo verdaderamente importante. No os preocupéis, no es vuestra culpa, es cosa nuestra. Polemizar y mezclar conceptos, sentimientos e ideologías es algo muy nuestro y muy de los tiempos socio-políticos que corren. Así que descansar tranquilos, que mucho habéis hecho ya llevando amor a tantos hogares de todo el mundo.

Después de haber leido, visto y escuchado cientos de acaloradas opiniones y temperamentales juicios de valor, me apetece compartir tres reflexiones que me surgen, que ni si quiera conforman una sólida opinión, pero que me parecen que al menos están pasadas por un filtro de mesura, cierta objetividad, optimismo, autocrítica y mucha prudencia.

  1. A mí no me gustó ver a los 3 Magos vestidos así. No me pareció acertado. Parecían disfraces de carnaval, «teletabis», pijamas…  o el calificativo que más gracia os haga de todos los que se han dicho estos días. El caso es que no es la imagen que se aproxima más a la idea que tenemos en la cabeza de ellos. Creo que a veces por querer innovar, por querer sorprender, hacemos chorradas. Voy aprendiendo con los años que a veces lo mejor, lo más sabio, es dejar las cosas como están. Nunca oí a nadie criticar anteriores cabalgatas. Para estas cosas, creo que tener una mentalidad pragmática ayuda: «¿Qué gano y qué arriesgo haciendo yo esto, qué puedo perder.?» Si yo me hubiera hecho esa pregunta, no hubiera arriesgado tanto con estas vestiduras. «¿Qué gano yo? ¿Esto es realmente importante? ¿Me merece la pena cabrear a medio Madrid y no contentar especialmente a nadie?» Hasta aquí mi primer apunte. Sinceramente: no me gustó cómo iban vestidos los Magos.
  2.  Me pregunto: ¿es proporcional todo lo que se ha dicho y escrito estos días por esto? Vivimos en un país que está en un momento clave. Nos jugamos cosas muy serias que ahora no toca ni mencionar. Esta Navidad no puede ser recordada por la de la cabalgata sino por la de la crisis, por la de las elecciones generales, por la del lío en Cataluña. Tenemos que tener la hondura y la sensibilidad de dedicar tiempo a lo importante. Vivimos un momento crítico y nuestras energías no se pueden ir (como el calor de la calefacción cuando abrimos una ventana de par en par) con estas menudeces. Que lo superficial eclipsa lo importante es evidente: no oigo a nadie hablar de la cena de Nochebuena con Personas Sin Hogar en el Ayuntamiento de Madrid, o de la supresión de las gradas VIP en la cabalgata en favor de la creación de un nuevo espacio para que niños discapacitados puedan disfrutar de la cabalgata. Para mí, eso es lo importante y como cristiano, eso es lo que quiero de mi Ayuntamiento y de sus acciones. Ambos gestos me hablan mucho más del Evangelio y sus valores que los ropajes de sus Majestades los Reyes Magos (que, por cierto, no eran Reyes y que si nos pusiéramos a valorar con esa exigencia y esa ortodoxia de tantos, poco tendría que ver lo que fueron y lo que hicieron con la celebración que casi dos mil años más tarde montamos por estas tierras).
  3. Creo que por los tiempos que corren toca hacer una reflexión pausada y de calidad sobre La Administración (Estado, CCAA o Ayuntamientos), lo cultural y lo confesional-religioso. Tenemos que situarnos todos en un marco lógico, que nos haga sentirnos cómodos, que sea coherente y que nos haga crecer. ¿Una cabalgata es una celebración religiosa o cultural? ¿Decorar el hall de un Ministerio es un acto religioso, de culto o más bien una tradición? ¿Que en la mayoría de hogares españoles lleguen los Reyes Magos es porque todos celebramos con sentido la Epifanía o es una costumbre que nos agrada? ¿Que un enorme porcentaje de las obras del Museo del Prado tengan una temática cristiana significa que visitarlo sea un acto confesional? Como españoles, europeos y mediterráneos tenemos una historia, una cultura y unas tradiciones judeo-cristianas. Esto no es debatible. Esas son nuestras raíces. Por lo que mucho de lo que somos, hacemos, mantenemos, celebramos, guardan estas raíces. Creo que con el afán de separar lo público de lo confesional, nos podemos cargar todo lo culturalmente cristiano que tenemos. Valorar y cuidar las tradiciones (en este caso cristianas) no es volver al Nacional-Catolicismo. No es lo mismo eliminar la Religión como Catequesis en la Escuela Pública que eliminar una asignatura que hable de las Religiones, siendo la más influyente en nuestras vidas, la Cristiana. Si algún político piensa que hacer una cabalgata «tradicional» es volver al Nacional-Catolicismo, está dando por hecho que gran parte de nuestra cultura cristiana no lo es, sino que es una manifestación tras otra. Así que ir al Prado debe ser algo parecido a celebrar una Vigilia de Resurrección… Creo que debemos separar lo religioso de lo público pero que no debemos ser tan incultos ni tan irracionales como para cargarnos lo que somos aniquilando nuestras raíces, nuestras tradiciones, nuestra cultura. Si de verdad queremos protegerla, no acabemos con algo que inspiró (y sigue inspirando) tanto arte, tanta cultura, tanta tradición que une y alegra, mucho más que separa y entristece. No al Nacional-Catolicismo, Sí a separar lo religioso de lo público (me viene a la cabeza el «Dios bendiga América de los Presidentes de EEUU) y Sí a cuidar nuestro Patrimonio Cultural, aceptando la gran influencia que el cristianismo tiene sobre éste.

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Esta foto la completaría con una tercera señal que uniera las dos, se llamaría Culture, y dejaría visualmente claro que nuestra cultura inevitablemente relaciona y une en ocasiones al Estado con La Iglesia. Es cosa nuestra ver cómo nos lo montamos para que sea una riqueza para todos y no una atadura y un motivo para la fractura.

20-D Votar en conciencia y con coherencia

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No pretendo (tonto sería porque no lo conseguiría) influenciar a nadie. Ni convencer. Ni hacer propaganda a pocas horas de comenzar la jornada de reflexión. Sólo quiero reflexionar en voz alta, y eso se traduce en hundir las teclas de mi ordenador.

Tampoco voy a descalificar a nadie. Estoy muy cansado de la campaña electoral que han planteado los grandes partidos. A mí me han aportado poco, por cierto. No veo renovación en el PP ni el PSOE. Observo lo de siempre, ahora disfrazado de nuevas caras, de originales vídeos, de nuevos formatos de debate, de hastags… Lo nuevo viene pisando con fuerza, metiendo susto a los de siempre y eso me alegra. Pero confieso que, aunque he tenido buena predisposición, no han logrado convencerme. Casi prefería al Podemos varufakiano con el ceño fruncido, puños en alto y cantando a Lluís Llach. No tenían mi voto pero comprendía más ese cabreo contra el sistema que no ese movimiento hacia el centro, hacia la sonrisa, ese deseo de ser la nueva socialdemocracia española. Ciudadanos tiene estilo, un look casi impecable, un líder que aunque no ha sido tan brillante en los momentos más clave de la campaña (los debates) transmite centralidad, claridad, frescura y liderazgo. Me encantaría que fuera el nuevo Adolfo pero tiene el programa más neoliberal de los partidos que quieren gobernar. Y eso no me gusta, me asusta que siempre las soluciones para salir de una crisis pasen por adelgazar lo público y engordar lo privado. Así que pese a tener mi admiración (habéis hecho un favor a esta Democracia apretando a los de siempre y dejándoles claro que o espabilan y nos hacen más caso o les mandáis al banquillo) y por ello os doy las gracias, no contáis con mi voto el domingo.

Con mi voto cuenta Por Un Mundo Más Justo (PUM+J). Es el partido que de verdad apuesta por Los Nadies  (de Galeano). Son personas que de verdad creen que otro mundo es posible y que la política es una herramienta al servicio de la gente y en concreto, es una herramienta para llevar justicia a donde no la hay.

No se les llena la boca con frases hechas que quedan bien. Es gente que lleva ya muchos años trabajando y peleando por un mundo más justo. No sólo lo dicen. Lo hacen. No usan las injusticias y la desesperanza para ganar votos sino que ahora expresan en un programa electoral lo que llevan haciendo muchos años. No es demagogia ni populismo porque precisamente tienen un mensaje tan puro y limpio, tan coherente con sus vidas, tan humilde y discreto que no salen en los medios, que no son carnaza para los shows políticos que están tan de moda.

A esta gente no les has visto detrás de los atriles en los grandes debates, cierto. Eso quizás te haga dudar de su consistencia, de su credibilidad. Pero es que a esta gente sí que les ves en La Cañada Real, en los CIES (pero no haciéndose la foto sino acompañando semana tras semana a las personas encerradas allí dentro), les ves trabajando en ONGs de educación, promoviendo un consumo responsable. Les ves haciendo voluntariado en el Sur con los empobrecidos, haciendo proyectos de cooperación al desarrollo, les ves parando un desahucio injusto, recitando poemas de Casaldáliga, les escuchas en un concierto solidario cantando «Dale la vuelta», te los encuentras en las manifestaciones de las mareas, les ves denunciando la vulneración de derechos humanos en la asquerosa valla de Melilla, acogiendo a familias refugiadas sirias… Les ves dándose a los demás. Y eso sí que es consistente, eso sí que es creíble.

Lo que dicen no son eslóganes, expresan su forma de vivir.

No quiero caer en la trampa del miedo y la desesperanza, no quiero que me hagan creer que votarles es naif o inútil.

Yo sueño, me formo y trabajo para poner un poco de esperanza en este mundo con tantas injusticias que provocan tanto sufrimiento. Y voy a votar en conciencia y con coherencia este domingo cogiendo la papeleta de Por Un Mundo Más Justo.

Hace 3 años conocí a Miguel Ángel Vázquez (candidato a la Presidencia del Gobierno por PUM+J) y tomándome un cerveza con él en un bar de Chamberí me convenció cuando me dijo de una manera sincera, sencilla y apasionada: «Álvaro, yo quiero poder contarle a nuestros hijos que luché por dejarles un mundo más justo del que tuvimos nosotros.»

Y ahora, mirando al pequeño Mateo que acaba de llegar a este mundo roto e injusto, escribo convencido que una manera de dejarles a nuestros hijos un mundo mejor es votar esperanza, es votar a Los Nadies, es votar Por Un Mundo Más Justo.

44 horas en Melilla: KO

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Un solo round de 44 horas para que la realidad te atice y te mande a la lona.

La concertina es un golpe directo con la izquierda. Rápido. Te pilla casi calentando así que no lo ves venir. ¡Zas! Tu cara sangra demasiado pronto. Es sólo un aviso de lo que está por venir.

Ver volar bolas de golf a través de las rejas de la valla y escuchar el sonido del bogey tan cerca del CETI te arrincona en el cuadrilátero. Allí te golpea el hígado una y otra vez. Vas quedándote sin aire. Este combate va a ser corto pero se te va a hacer muy largo.

Quieres seguir, te defiendes como puedes cubriendo con tus antebrazos el tronco que ese bestia está atizando como si fuera su saco de entrenamiento, pero ves una familia siria al completo: padre, madre, un niño, una niña y un bebé en brazos. Ha nacido en un sitio donde malviven 4 veces más personas de las que puede acoger el centro. Te preguntas cómo será un día para ellos. No saben nada. Si llegarán o no a la “tierra prometida”. El puñetazo es tan fuerte que me tengo que recordar a mí mismo que esto es España, el país que critica indignado el trato de Hungría a los refugiados sirios.

Va quedando poco para el final del demoledor combate. De reojo ves el monte Gurugú y las miles de historias de dolor que alberga. Cómo tienes que estar de desesperado para levantarte en mitad de la noche, muerto de frío, bajar la montaña y querer superar una valla cuyas cuchillas van a arrancarte la piel a tiras.

Tu entrenador te anima, te jalea gritándote: “¡Tú puedes!” Y cuando crees que quizás puedas, que moviendo más rápido las piernas y revolviéndote podrás darle la vuelta al combate, se te presenta un niño de 10 años que ya nadie le llama por su nombre porque es un MENA (Menor No Acompañado). Y te cuentan que se habla de él, y de sus 80 compañeros que sobreviven en la ciudad, con un miedo y un desprecio que sientes el brutal impacto del gancho definitivo en toda tu cara.

Y te vas al suelo. Y es muy probable que pudieras volver a levantarte y tratar al menos acariciar con tus guantes el cuerpo de ese cabrón que ha acabado contigo sin despeinarse. Pero de nuevo a tu mente le invade la valla y sus cuchillas, la familia siria, el MENA, el Monte Gurugú, el CETI, el campo de golf… y mientras escuchas al árbitro contar hasta 10 para levantar el brazo del ganador por KO en un solo round, piensas que aunque hay que entrenar mucho, volverás a pelearte con él. Más rápido, más astuto, con más fondo y con un gancho mucho más potente. Se va a enterar.

Sabes que mientras tanto, ese monstruo que ha abusado de ti, las va a pasar canutas con Mercedes, Mª del Mar, Mª Luz, con José y su mujer, con Esteban, con María, con tu amiga Nuria y con tanta gente que no le tiene miedo y que cada día se levanta y trabaja duro, gente que no se achica, que esquivan los derechazos y que saben golpear en el momento más adecuado. Gente ganadora que sabe pelear duro por los derechos humanos de todas esas personas que tanto sufren en Melilla.