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«Todo esto lo cumplo»

El interpelante pasaje del Evangelio del joven rico me provoca esta triple tensión entre lo que deseo-lo que puedo- y lo que acabo haciendo.

Vivo una época de especial cuestionamiento. Intento poner a Dios en mi vida y que sea Jesús mi verdadero modelo. No lo acabo de conseguir y aunque a veces creo que si que lo deseo, vuelvo a tropezar con las piedras de siempre, o incluso con nuevas que de repente aparecen en el camino. Y vuelvo al sitio inicial, al “quiero pero la corriente me lleva en dirección contraria”, al “me encantaría pero”, al “quizás me esté radicalizando demasiado”, al “todo esto lo cumplo» del Evangelio.

¿Qué es lo que creo que me dice Jesús cuando le pregunto qué tengo que hacer para seguirle?¿Cómo creo que tengo que vivir el Evangelio en mi vida?

  1. Saliendo, al menos un poco, de mi zona de confort. Lo enlazo con el joven rico porque interpreto que él traza una línea entre lo que hace dentro de su zona de confort y lo de fuera. Y es Jesús el que acaba con esa línea diciéndole ese: “Si quieres ser perfecto, dale todo lo que tienes a los pobre y vente conmigo”. Y es cuando el joven entra el colapso. Y le entiendo perfectamente porque a mí me pasa todas las semanas. Siento que Jesús, como en el Evangelio, me pide más. Todo esto me lleva a pensar que he de salir de mis comodidades para dar más, he de romper esa vida organizada con todos sus elementos en su sitio y en su justa medida para derramar a Dios en ella, para, como dice el Papa Francisco, “oler a oveja”, para dar de mí compartiendo vida y no dando parte de ella.
  2. Viviendo de una manera sencilla, con el foco puesto no sólo en lo mío y en los míos sino en los favoritos de Dios, intentando tener un ritmo de vida y de consumo que sea coherente con el Evangelio que vivo. Hay una frase que desde la leí me persigue: «Vivamos sencillamente para que otros puedan sencillamente vivir«. Es complejo de entender y mucho más de solucionar pero tampoco creo que sea bueno esquivarlo: en este mundo hay comida para todos, lo que ocurre es que sólo ponemos la mesa para unos pocos (el 20% aproximadamente de la población mundial), dando las sobras a unos cuantos y echando de la mesa a la gran mayoría. Y no es sólo eso, sino que mientras tomamos el café que pone punto y final a nuestro banquete,  esos que no invitamos a la mesa nos friegan los platos y nos recogen la mesa por muy poquito.
  3. Celebrando la vida. De nada servirá el resto de lo que haga, si no vivo celebrando. Dios quiere que seamos felices, lo más que podamos. Celebrar la vida estudiando, trabajando, en lo cotidiano y en lo extraordinario, paseando, conociendo un sitio nuevo, comiendo en familia, leyendo un libro, emprendiendo nuevos proyectos, disfrutando de buenos ratos con los nuestros… La vida es un regalo y hay que vivirla como tal. Eso nunca se nos puede olvidar. Sin esta celebración diaria, creo que mi vida como cristiano no será completa.

Cuaresma

Ayunar, Señor, para esperarte. Para vivir en Comunión con los que verdaderamente pasan hambre. Ayunar para aprender a prescindir y experimentar que pese al esfuerzo, uno se libera cuando vacía el macuto y se queda solo con lo necesario.

Orar, Señor, para alimentarme. Oro para conocer más a quien sigo. Oro para peregrinar Contigo en el camino de la Vida. Oro para dar sentido, ¿por qué voy a ayunar y dar limosna sino es por Tí?

Dar limosna, Señor, para compartir lo que nos ha tocado tener con los que no tuvieron tanta suerte, o incluso sí que la tuvieron pero se la arrebatamos entre unos pocos. ¿No se supone que el ser hijos tuyos nos hace a todos hermanos? Entonces, ¿por qué tantos hermanos tienen tan poco y tan pocos hermanos tenemos tanto?

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Peregrinando Contigo

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Tropezándome.

Contemplando como se va el sol hasta mañana.

Sintiendo la lluvia en la cara.

Buscando las flechas amarillas.

Escuchando esa canción que me emociona.

Abrazando en el reencuentro.

Equivocándome.

Muriéndome de risa.

Sintiendo cómo el sol tuesta mi cara.

Cantando a coro ese himno de Calamaro.

Llegando a la meta hecho polvo.

Fotografiando ese momento.

Cayendo en la cuenta de lo mal que lo estoy haciendo.

Sacando buena nota.

Dándome cuenta que no llego a todo.

Poniéndome otra copa mientras arreglamos el mundo juntos.

El primer día de curro.

Despidiéndome con la lagrimilla caida.

Estrenando el carnet de conducir.

Dando gracias por la vida que acaba de terminar.

Cazando al vuelo una estrella fugaz.

Observando incrédulo el telediario de la noche.

Llegando al final de la etapa.

Celebrando el gol de la victoria.

Volviendo a empezar.

Notando que el corazón se rompe.

Cumpliendo años.

Queriendo.

Simplemente siendo.

Sintiéndome Hijo Tuyo.

Peregrinando Contigo.