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Doctrina Parot, Estrasburgo y Política

Llevo ya muchos días intentando escribir sobre todo lo que está ocurriendo en nuestro país con la Sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo acerca de la condena aplicada a la etarra Inés del Río y no me ha sido posible. Son muchas cosas las que me han bloqueado: falta de información objetiva, mezcla de sentimientos y exceso de opiniones, declaraciones y debates que la clase política con la siempre fiel ayuda de los medios de comunicación ha emitido diariamente todos estos días. Ayer, después de la brillante clase que tuvimos en el Máster en la que salió este tema, decidí sentarme, arremangarme y evitar todo lo posible la subjetividad que me inunda en este asunto para  intentar explicar brevemente qué es todo esto. Perdonar si me equivoco, si no soy todo lo preciso que debería o si simplifico pero no es fácil resumir en un artículo más o menos breve todo este jaleo. Allá voy.

Para entender bien esto es indispensable hacer un repaso breve por dos Principios y dos Códigos Penales fundamentales en nuestro país:

Principio de reinserción social de nuestro Código Penal, es decir, el fin de la cárcel no es sólo castigar y apartar de la sociedad al que comete un delito, es también conseguir (a veces se logra y a veces no) su reinserción social: que ese individuo cuando salga de la cárcel sea capaz de convivir pacíficamente en nuestra sociedad.

Principio de irretroactividad de las penas, es decir, a los que comenten delitos se les castiga con las penas existentes en ese momento y no se les podrán nunca aplicar penas posteriores.

Códigos Penales de 1973 y de 1995. El Código Penal de 1973 (franquista), daba al preso la posibilidad de pedir una reducción de condena (los llamados beneficios penitenciarios) de hasta 10 años. Como nuestra condena máxima es de 40 años de cárcel, un preso podía reducir la pena de 40 a 30 años de cárcel por una serie de comportamientos como por ejemplo, estudiar una carrera.

En mi opinión, esta reducción de condena tenía sentido en tiempos de Franco, donde había presos políticos e ideológicos. Cuando comienza nuestra Democracia y ya no existen ese tipo de presos, creo que deja de tener sentido (al menos, aplicarlo siempre y a todo tipo de presos).

Una de las reformas del Código Penal de 1995 es que a partir de ese momento, ciertos delitos (como los de terrorismo o agresiones sexuales) no van a tener esa reducción de la pena (esto tiene matices pero creo que entrar en ellos nos complican entenderlo bien, esta idea es la principal). No van a salir antes de tiempo por haber estudiado una carrera o haberse portado bien.

Pasan 18 años para que se evite que presos que no se han reinsertado aún y que han cometido verdaderas salvajadas, salgan a la calle como si prácticamente nada hubiera pasado. 18 años en los que los gobiernos de Adolfo Suárez y Felipe González no son capaces de plantear esta reforma. ¿Tenían otras prioridades? ¿Miedo? ¿Intereses alejados del bien común de los españoles?

LA DOCTRINA PAROT

¿Qué es? Es el nombre de pila que se le puso a la Jurisprudencia (sentencias de los jueces que, al repetirse, llegan a tener fuerza de ley) establecida a partir de la sentencia del Tribunal Supremo de España del 28 de febrero de 2006 aplicada al etarra Henri Parot.

¿Qué es lo que hizo? Aplicó retroactivamente lo estipulado en el Código Penal de 1995 a muchos etarras que cometieron sus delitos antes de 1995 y que, por lo tanto, podían beneficiarse de las reducciones de pena ya mencionadas. Objetivo: que estos etarras y violadores no salieran de la cárcel antes de tiempo.

¿Qué dice, principalmente, la sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo? Que, en concreto, la etarra Inés del Río ha cumplido ya su pena y tiene que salir cuanto antes de la cárcel. Que la aplicación de la Doctrina Parot (contenido del Código Penal de 1995) es aplicar una norma retroactivamente puesto que a Inés del Río se le detuvo y juzgó en 1987: antes del Código Penal de 1995, y eso va en contra de los Derechos Humanos (va en contra de el Principio de irretroactividad de las penas comentado antes).

¿Qué miedo tenemos los españoles y en concreto tienen las víctimas del terrorismo y de agresiones sexuales? Que ocurra lo mismo con otros 60 etarras y 30 violadores, puesto que se les aplicó esta Doctrina Parot habiendo cometido sus delitos antes del Código penal de 1995, y salgan en libertad con indemnizaciones debajo del brazo.

Acabo con una pequeña reflexión, creo que estamos una vez más ante una chapuza de nuestros dirigentes políticos. La sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo será matizable en pequeños detalles que a los que no somos expertos juristas se nos escapan pero en lo principal es, por mucho que nos duela, impecable. La Doctrina Parot aplicó retroactivamente un norma penal de 1995 a delitos cometidos anteriormente para evitar que ciertos etarras y violadores redujeran sus penas por beneficios penitenciarios. Esto va en contra del Principio de irretroactividad de las penas y por tanto, de los Derechos Humanos de los presos. No hay más. Hagamos un esfuerzo y apartemos nuestros sentimientos de dolor, de venganza, de miedo, de asco hacia estos etarras y violoadores. No lo mezclemos con la Ley. Consigamos separar el corazón de la legalidad para ser lo más objetivos que podamos y reconocer que Inés del Río ha cumplido ya su condena.

Pero no nos quedemos ahí, vayamos a más, busquemos responsables: que no salgan cinco políticos diciendo que están disgustados con la Sentencia de Estrasburgo y nos despisten, que no escuchemos en la radio y en la tele cientos de periodistas y tertulianos decir lo indignados que están con Estrasburgo, lo injusto que es todo esto, decir frases como «derechos humanos para los etarras sí pero para las víctimas del terrorismo no…» y nos nublen la vista y distorsionen el pensamiento. La culpa no es de Estrasburgo, la culpa la vuelven a tener los políticos, en concreto los que nos gobernaron desde que Franco murió hasta 1995 que entró en vigor el nuevo (en ese momento) Código Penal. No abordaron el problema, no lo debieron ver prioritario o bien ciertos intereses y presiones no se lo permitieron. El caso es que no hicieron nada durante 18 años para que casos como los de Inés del Río no sucedieran.

Que nos dejen de mentir y de tomar el pelo, los únicos que tienen la culpa de lo sucedido y de lo que sucederá (van a salir a la calle muchos etarras y violadores en los próximos meses) son los que pudieron reformar el Código Penal franquista y no quisieron o no pudieron, o quizás las dos cosas: ni quisieron, ni pudieron.

Como pan que se parte

Así se titula el libro que escribió el jesuita Peter G. Van Breemen hace más de treinta años y que cayó en mis manos el día de mi 29 cumpleaños.

Como me ocurre muchas veces cuando me regalan un libro con buena pinta, me alegro al tenerlo, lo hojeo, doy las gracias, lo vuelvo a hojear, lo fecho y firmo y lo guardo en la librería pensando que llegará el momento adecuado de leerlo.

Pues ese momento ha llegado.

Aún no puedo escribir sobre él, lo que me salía hoy era escribir, poner orden dentro de mí (para eso empecé este blog), ¿por qué había sentido que era el momento de empezar este libro?, ¿por qué «Como pan que se parte» me ha llamado después de este verano peruano?

Jesús es el pan que se parte para llegar a todos nosotros, para entrar en lo más profundo de nuestro interior y darnos vida. Nos ilumina. Nos llena de paz. El pan se parte y se da a los demás. Nuestro Dios Jesús no es inalcanzable, no es esa figura tan sólo mística con el que nos comunicamos mirando al cielo. Nuestro Dios Jesús bajó a la tierra, se encarnó y nos mostró un camino terrenal hacia el Reino. Jesús tiene rostro, manos y pies. Nos mostró el camino de la Verdad, no la verdad intelectual sino la Verdad verdadera, la de que Dios existe y sólo siguiéndole y sirviéndole encontraremos la auténtica felicidad.

Quiero ser pan que se parte. Quiero darme a los demás desde lo cotidiano del día a día.

He vivido un verano que me ha mostrado que se puede vivir de esa manera, que hay mucha gente que sólo entiende su vida desde ese partirse a los demás. He sido testigo de cómo Dios se hace pan y se parte en muchos voluntarios, trabajadores, en niños que trabajan desde los cinco años, en madres maltratadas, en sonrisas, en sacrificios, en profesores, en donantes, en campesinos, en jóvenes universitarios, en religiosas, jesuitas, laicos, creyentes, ateos, peleados con la religión, críticos con la Iglesia… Jesús se parte en todos nosotros por igual.

Una vez más Dios me ha mostrado un camino lleno de luz, me ha invitado a recorrerlo con Él, me ha dado libertad para recorrerlo o quedarme en el comienzo mirando con inquietud, con interés.

Partirme estudiando, partirme trabajando, partirme en mi hogar, con mi mujer, con mi familia, con mi ahijado, con mis amigos, con los proyectos que tienen sabor a Evangelio, con la gente que se cruce en mi camino, con mis compañeros de clase, con mis vecinos, con el camarero, con el africano que me cruzo todos los días cuando paso por aquel lugar, partirme con y en mi oración, partirme deseando siempre lo mejor al otro, cambiando el pensar bien por la crítica destructiva. Partirme en lo pequeño, en lo cotidiano, partirme tratando al otro como a un hermano, con un amor fraternal.

Sentir a Dios partirse por los demás, por mi y en mi para yo intentar (sabiendo que fallaré una y otra vez) imitarle y querer ser pan que parte.

Gracias a todos los que, con vuestro ejemplo, me habéis impulsado a comenzar este libro. De alguna manera, me habéis hecho sentirme llamado por él. Gracias.

cpqsp

Algunas cifras

cifras

El 85% de las empresas del Ibex tienen su dinero en paraísos fiscales.

14 millones € costó la indemnización a un ex-consejero de la Caja de Valencia, la misma cantidad con la que ayudó España al Sahel en su crisis alimentaria de hace unos meses.

España es oficialmente el país de la UE con mayor desigualdad.

El 27% de la población española están en riesgo de pobreza y exclusión social.

Más del 50% de los parados son de larga duración.

La proyección es llegar a 18 millones en el 2022.

cifras (1)Cada día mueren 20.000 niños por causas como el hambre, la malaria y conflictos armados.

Hay 62 millones de niños que no van al colegio.

800 millones de personas son analfabetas y el 63% son mujeres.

Cada año hay 3 millones nuevos enfermos de SIDA.

2,8 millones de enfermos de SIDA mueren al año.

(Datos sacados de diferentes conferencias de la Agencia de Cooperación Internacional, Intermón Oxfam, Cáritas y Entreculturas).